La poderosa trayectoria de la artista plástica Lourdes Murillo (Badajoz 1964) está repleta de sutiles virajes y delicadas alteraciones. Nada sobra ni falta en la elección de sus formas, ya sea en pintura sobre lienzo, ya sea con atrayentes y misteriosas instalaciones, ya sea a través de extraños artefactos lúdicos o melancólicos, la mayoría de las veces Murillo se manifiesta sin una definición preconcebida de género sino, al contrario, con una vocación expresiva que traspasa las fronteras,una expresión libre, polisémica, sugerente, que deja al espectador un amplio registro de posibilidades interpretativas al acercarse a su obra.

Decimos que al trabajo plástico de Lourdes Murillo no le falta ni le sobra nada porque ocupa “sin apenas notarse”, recurriendo a san Juan de la Cruz, el espacio elegido, y se adapta a él como anillo al dedo, dedos espirituales en este caso, que son los que han elaborado la muestra” Azul a punto de convertirse en Ángel “que acaba de inaugurar la galería Alfredo Viñas y que vale la pena visitar porque comunica una inquietante paz monocromática: la obsesión por el azul contamina la mirada, constituye el ser predominante, revela una poética minimalista, un lirismo similar al de ese jardín japonés cuyos abetos y flores de té señalan caminos, y conceptos, dispares,aunque siempre llevan al mismo sitio: el del continuo aprendizaje.

Una instalación ocupa el espacio central de la galería Viñas; Murillo ha forrado las paredes de papelillos azules y en el suelo ha vertido pigmento azul consiguiendo un efecto intimista, aunque expansivo, quizá eco de una lejana maestría zen ; habitación abierta que atrae nada más entrar y que se acompaña de cinco lienzos azules: azul, azul, azul, parece obvio el homenaje al controvertido y fugaz pintor francés, ya desaparecido, Yves Klein, cuyas asociaciones místicas, estrictamente basadas en el azul, han marcado este último trabajo de Murillo no sólo por la obsesión del color, sino también por la intencionalidad de la propuesta: el azul ultramar simboliza lo inmaterial, lo ingrávido, la fragilidad y la indeterminación espacial, algo que Klein también cultivó con irritante y exclusiva dedicación.

Una poética de lo leve a lo invisible, exquisito maridaje conceptual que en la palabra tiene sus poetas en Char o en Saint John Perse, parece alimentar la creatividad de esta artista; precisamente para explicar una serie anterior , titulada “Sombras blancas “, Murillo declaró que le había sorprendido ” cómo oscurecen las magnolias de los jardines del sur con sólo tocarlas “, desde luego sorprende, también, tanta delicadeza en una creadora contemporánea; por eso da la sensación que las figuras geométricas, helicoidales, que inundan sus lienzos son constelaciones ocultas de un mapa interior que tiembla a contraluz como la magnolia.

Sin lugar a dudas estamos hablando de una creadora cuya obra, tan atractiva como enigmática, sigue una excelente, reflexiva y renovadora dirección.