Esta pacense siempre ha pensado que las mujeres prehistóricas “en los largos y duros inviernos” se dedicaban a pintar en las cuevas mientras los hombres cazaban, por lo que asegura sentirse “su heredera”.
Su vocación por la pintura le viene desde que era una niña y se ha convertido en su modo de vida. La extremeña Lourdes Murillo, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, asegura que lo mejor de su trayectoria profesional es poder pintar y conocer a personas “inolvidables” de las que aprender.
En una entrevista concedida a Regiondigital.com, esta pacense afirma que la técnica que mejor expresa lo que quiere hacer es el óleo/lienzo, aunque no tiene “ningún inconveniente” en emplear el material que precise para expresarse aunque éste no sea pictórico. Y es que a través de sus cuadros quiere mostrar una actitud estética, en definitiva, una forma de ver el mundo.

Participar en una feria de arte como ARCO “siempre está bien”, pero reconoce que no es un ámbito para la reflexión o la contemplación sino para el mercado, convirtiéndose en un lugar de encuentro y trabajo para los galeristas y coleccionistas más que para otros sectores.

¿Cómo empezó su afición por la pintura?
L.M.: Yo no lo llamaría afición, en todo caso vocación. Empecé a dibujar, como todos, de pequeña, sólo que yo sigo todavía. Tengo muchas aficiones, la música clásica, el teatro…, es muy diferente sobre todo la actitud.

Defíname de forma resumida su obra
L.M.: Creo que es una obra para descubrir con tiempo.

Si tuviera que calificar tus cuadros, ¿con qué tres adjetivos lo haría?
L.M.: Silenciosa, sencilla, serena.

Hábleme de su trayectoria profesional, ¿qué ha sido lo mejor y lo peor de ella?
L.M.: Lo mejor, sin duda, poder pintar y conocer personas inolvidables de las que aprender; lo peor desembalar.

¿Qué es lo que más le gusta pintar?
L.M.: Todo me gusta, hasta cómo huele la pintura.

Visualizando sus cuadros, además de pinturas, se pueden contemplar instalaciones, obra gráfica y colaboraciones con arquitectos en edificios públicos, ¿cómo las hace? y ¿en qué se inspira a la hora de realizarlos?
L.M.: Cuando hago una intervención en un espacio concreto – sea permanente o no – intento antes que nada adaptarme al espacio, no que éste se adapte a una idea preconcebida que yo imponga. Si haces una instalación en el Conventual de San Benito de Alcántara, un espacio imponente, tienes que ser discreta, que guardar silencio. O, si haces una escenografía como, por ejemplo, en “Y sin embargo te quiero” de Miguel Murillo, también tienes que interpretar el texto.

¿Cuáles son las técnicas que utiliza a la hora de pintar?
L.M.: La técnica que mejor expresa lo que quiero hacer es el óleo/lienzo, aunque no tengo ningún inconveniente en emplear el material que precise para expresarme aunque éste no sea pictórico.

¿Qué pretende enseñar con sus cuadros?
L.M.: Quizás una actitud estética, una forma de ver el mundo.

¿Qué se siente al exponer en lugares tan diversos como Italia y Portugal, al margen de Extremadura y el resto de España?
L.M.: Realmente cada exposición es única cuando se produce y, sea donde sea, siempre es fascinante.

Recientemente ha expuesto en la Asamblea de Extremadura la exposición “De blanco y oro”, ¿qué ha supuesto para usted dar a conocer su obra en la Cámara regional? y ¿qué balance haría del lapso de tiempo que ha estado expuesta?
L.M.: Desde el año 1992 no exponía en Mérida, siempre es bonito volver.

¿Ha recibido algún premio o reconocimiento en su carrera?
L.M.: Los premios están muy bien cuando se ganan, no tanto cuando se pierden, pero no hay que darle demasiada importancia en ningún caso. El mejor siempre es la obra bien hecha.

¿Se dedica a la pintura de forma profesional o es sólo una afición?
L.M.: Insisto en que nunca he entendido este oficio como una afición, posiblemente tampoco es una profesión, me quedo con oficio y, es posible que el más viejo del mundo… y no es un juego de palabras, siempre he pensado que las mujeres prehistóricas en los largos y duros inviernos se dedicaban a pintar en las cuevas mientras los hombres cazaban. Yo, al menos, me siento su heredera.

Aparte de Extremadura, ¿en qué otras ciudades españolas ha expuesto?
L.M.: En Málaga, Madrid, y la última una instalación “ENTRECIELO” en el Museo Barjola de Gijón, un lugar mágico desde donde se ve el puerto de la ciudad, en un antiguo convento, el de la Trinidad, un lugar muy, muy especial.

¿Cuántos años lleva pintando?
L.M.: Hice mi primera exposición “seria” en el Colegio de Arquitectos de Badajoz en mayo de 1990.

¿Cuáles son sus pintores favoritos?, ¿se inspira en algunos especialmente?
L.M.: Te diré sólo uno que acabo de ir a Bilbao a ver una muestra suya realmente espectacular: Cy Twombly. Más que inspirarme aprendo todo lo que puedo de ellos.

¿Cómo difunde su obra al resto de localidades o regiones?
L.M.: Pues igual que en ésta, no veo diferencias salvo la geográfica.

¿Qué hace con los cuadros?
L.M.: Eduardo Chillida, uno de mis escultores más admirados, decía que había que ser como un árbol, un inmenso árbol que, teniendo las raíces en su tierra, extiende las ramas lo más lejos posible.

En el caso de que los venda, ¿qué tipo de cliente los adquiere?
L.M.: Particulares o instituciones que se interesan por adquirir pintura contemporánea, como todos los pintores.

¿Qué planes tiene para el futuro?
L.M.: Muchos y muy interesantes, pero sólo te contaré los inmediatos: en mayo “De blanco y oro” irá a la Casa de Cultura de Don Benito, de Rafael Moneo. Me hace muchísima ilusión porque le admiro y respeto, conozco su obra y es espléndida y contenida a la vez. La muestra tiene más piezas que cuando estuvo en la Asamblea, algunas especialmente hechas para este espacio, lo merece.

Por curiosidad, ¿cuánto tiempo tarda en pintar uno de sus cuadros?
L.M.: Pues, la verdad, yo no tengo esa curiosidad, no lo sé supongo que unos más que otros. En cualquier caso no mucho, para mí el peor defecto que puede tener una obra es estar muy pasada, que carezca de frescura. Mi forma de pintar es rápida pero meditada.

Y para finalizar, ¿qué supone para usted participar en ARCO?, ¿qué balance hace de la última edición?
L.M.: Participar en una feria de arte siempre está bien, pero no es un ámbito para la reflexión o la contemplación sino para el mercado, es un lugar de encuentro y trabajo para los galeristas y coleccionistas más que para otros sectores. La última edición me ha parecido muy fría, será la ola polar de este invierno…