Lourdes Murillo

en los medios


Región Digital

Entrevista a Lourdes Murillo: “Mi obra es silenciosa, sencilla y serena, para descubrirla con tiempo”. Región Digital. 3 de Marzo de 2009


La Nueva España

Lourdes Murillo cubre el cielo del Barjola. Víctor Guillot. La Nueva España. 20 de Julio de 2007


MÁLAGA HOY

El klein de Lourdes Murillo. Juan Francisco Rueda. Málaga Hoy. 11 de Mayo de 2005


DIARIO SUR DE MÁLAGA

La desmaterialización del cuerpo. Enrique Castaños Alés. Diario Sur de Málaga. 22 de abril de 2005


DIARIO SUR DE MÁLAGA

El homenaje de Murillo. Alfredo Taján. Diario Sur de Málaga. 22 de Abril de 2005


REVISTA

Descubrir el Arte nº75. Luis Méndez. Abril 2005


LA OPINIÓN DE MÁLAGA

Casi toda Lourdes Murillo. Jesús Aguado. La Opinión de Málaga. 13 de abril de 2003


EL PAÍS

Pequeños Gestos. Margot Molina. El País. Sábado 12 de abril de 2003


ABC CULTURAL

Crítica ARCO ’02. Miguel Cereceda. ABC Cultural. Madrid, 16 de febrero de 2002


QAZRIS

Lourdes Murillo o La Siembra de las Dudas. José María Larrondo. Qazris nº14, 1994


CUADERNOS DE EXTREMADURA

Robaría una obra de Rothko. Liborio Barrera. Cuadernos de Extremadura. El taller del artista ‘LOURDES MURILLO’


Esta pacense, siempre ha pensado que las mujeres prehistóricas «en los largos y duros inviernos» se dedicaban a pintar en las cuevas mientras los hombres cazaban, por lo que asegura sentirse «su heredera».Su vocación por la pintura le viene desde que era una niña y se ha convertido en su modo de vida. La extremeña Lourdes Murillo, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, asegura que lo mejor de su trayectoria profesional es poder pintar y conocer a personas «inolvidables» de las que aprender.En una entrevista concedida a Regiondigital.com, esta pacense afirma que la técnica que mejor expresa lo que quiere hacer es el óleo/lienzo, aunque no tiene «ningún inconveniente» en emplear el material que precise para expresarse aunque éste no sea pictórico. Y es que a través de sus cuadros quiere mostrar una actitud estética, en definitiva, una forma de ver el mundo.


Participar en una feria de arte como ARCO «siempre está bien», pero reconoce que no es un ámbito para la reflexión o la contemplación sino para el mercado, convirtiéndose en un lugar de encuentro y trabajo para los galeristas y coleccionistas más que para otros sectores.


¿Cómo empezó su afición por la pintura?

L.M.: Yo no lo llamaría afición, en todo caso vocación. Empecé a dibujar, como todos, de pequeña, sólo que yo sigo todavía. Tengo muchas aficiones, la música clásica, el teatro…, es muy diferente sobre todo la actitud.


Defíname de forma resumida su obra

L.M.: Creo que es una obra para descubrir con tiempo.


Si tuviera que calificar tus cuadros, ¿con qué tres adjetivos lo haría?

L.M.: Silenciosa, sencilla, serena.


Hábleme de su trayectoria profesional, ¿qué ha sido lo mejor y lo peor de ella?

L.M.: Lo mejor, sin duda, poder pintar y conocer personas inolvidables de las que aprender; lo peor desembalar.


¿Qué es lo que más le gusta pintar?

L.M.: Todo me gusta, hasta cómo huele la pintura.


Visualizando sus cuadros, además de pinturas, se pueden contemplar instalaciones, obra gráfica y colaboraciones con arquitectos en edificios públicos, ¿cómo las hace? y ¿en qué se inspira a la hora de realizarlos?

L.M.: Cuando hago una intervención en un espacio concreto – sea permanente o no – intento antes que nada adaptarme al espacio, no que éste se adapte a una idea preconcebida que yo imponga. Si haces una instalación en el Conventual de San Benito de Alcántara, un espacio imponente, tienes que ser discreta, que guardar silencio. O, si haces una escenografía como, por ejemplo, en «Y sin embargo te quiero» de Miguel Murillo, también tienes que interpretar el texto.


¿Cuáles son las técnicas que utiliza a la hora de pintar?

L.M.: La técnica que mejor expresa lo que quiero hacer es el óleo/lienzo, aunque no tengo ningún inconveniente en emplear el material que precise para expresarme aunque éste no sea pictórico.


¿Qué pretende enseñar con sus cuadros?

L.M.: Quizás una actitud estética, una forma de ver el mundo.


¿Qué se siente al exponer en lugares tan diversos como Italia y Portugal, al margen de Extremadura y el resto de España?

L.M.: Realmente cada exposición es única cuando se produce y, sea donde sea, siempre es fascinante.


Recientemente ha expuesto en la Asamblea de Extremadura la exposición «De blanco y oro», ¿qué ha supuesto para usted dar a conocer su obra en la Cámara regional? y ¿qué balance haría del lapso de tiempo que ha estado expuesta?

L.M.: Desde el año 1992 no exponía en Mérida, siempre es bonito volver.¿Ha recibido algún premio o reconocimiento en su carrera?L.M.: Los premios están muy bien cuando se ganan, no tanto cuando se pierden, pero no hay que darle demasiada importancia en ningún caso. El mejor siempre es la obra bien hecha.


¿Se dedica a la pintura de forma profesional o es sólo una afición?

L.M.: Insisto en que nunca he entendido este oficio como una afición, posiblemente tampoco es una profesión, me quedo con oficio y, es posible que el más viejo del mundo… y no es un juego de palabras, siempre he pensado que las mujeres prehistóricas en los largos y duros inviernos se dedicaban a pintar en las cuevas mientras los hombres cazaban. Yo, al menos, me siento su heredera.


Aparte de Extremadura, ¿en qué otras ciudades españolas ha expuesto?

L.M.: En Málaga, Madrid, y la última una instalación «ENTRECIELO» en el Museo Barjola de Gijón, un lugar mágico desde donde se ve el puerto de la ciudad, en un antiguo convento, el de la Trinidad, un lugar muy, muy especial.


¿Cuántos años lleva pintando?

L.M.: Hice mi primera exposición «seria» en el Colegio de Arquitectos de Badajoz en mayo de 1990.


¿Cuáles son sus pintores favoritos?, ¿se inspira en algunos especialmente?

L.M.: Te diré sólo uno que acabo de ir a Bilbao a ver una muestra suya realmente espectacular: Cy Twombly. Más que inspirarme aprendo todo lo que puedo de ellos.


¿Cómo difunde su obra al resto de localidades o regiones?

L.M.: Pues igual que en ésta, no veo diferencias salvo la geográfica.


¿Qué hace con los cuadros?

L.M.: Eduardo Chillida, uno de mis escultores más admirados, decía que había que ser como un árbol, un inmenso árbol que, teniendo las raíces en su tierra, extiende las ramas lo más lejos posible.


En el caso de que los venda, ¿qué tipo de cliente los adquiere?

L.M.: Particulares o instituciones que se interesan por adquirir pintura contemporánea, como todos los pintores.


¿Qué planes tiene para el futuro?

L.M.: Muchos y muy interesantes, pero sólo te contaré los inmediatos: en mayo «De blanco y oro» irá a la Casa de Cultura de Don Benito, de Rafael Moneo. Me hace muchísima ilusión porque le admiro y respeto, conozco su obra y es espléndida y contenida a la vez. La muestra tiene más piezas que cuando estuvo en la Asamblea, algunas especialmente hechas para este espacio, lo merece.


Por curiosidad, ¿cuánto tiempo tarda en pintar uno de sus cuadros?

L.M.: Pues, la verdad, yo no tengo esa curiosidad, no lo sé supongo que unos más que otros. En cualquier caso no mucho, para mí el peor defecto que puede tener una obra es estar muy pasada, que carezca de frescura. Mi forma de pintar es rápida pero meditada.


Y para finalizar, ¿qué supone para usted participar en ARCO?, ¿qué balance hace de la última edición?

L.M.: Participar en una feria de arte siempre está bien, pero no es un ámbito para la reflexión o la contemplación sino para el mercado, es un lugar de encuentro y trabajo para los galeristas y coleccionistas más que para otros sectores. La última edición me ha parecido muy fría, será la ola polar de este invierno…



Lourdes Murillo cubre el cielo del Barjola.

Víctor Guillot.

La Nueva España. 20 de Julio de 2007

http://www.lne.es/gijon/1704/lourdes-murillo-cubre-cielo-barjola/541236.html

El klein de Lourdes Murillo. Juan Francisco Rueda. Málaga Hoy. 11 de Mayo de 2005

Si ejerciéramos una mirada retrospectiva a la producción de Lourdes Murillo, veríamos como lógico el punto evolutivo en que la artista extremeña se encuentra y que, en esta exposición, adquiere forma de homenaje a Yves Klein. Murillo ha ido desmaterializando sus obras, escapando de lo figurativo y de una especie de poemas –objetos hacia una creciente conceptualización y un tratamiento del espacio pictórico a base de incisiones que, deudor del espacialismo de Fontana, se ha encaminado a un arabesco o trazo susceptible de ser calificado como escritura o caligrafía.

Murillo ha articulado la exposición presentándonos, de un lado, cinco lienzos cercanos a una seriación minimalista y, de otro, la ambientación de una parte de la galería con una instalación que usa tres paredes repletas de pequeños papeles pegados y el suelo que queda entre los testeros con una alfombra de arena. La instalación y los lienzos no sólo se encuentran unificados por el azul característico de la obra monocromática de Klein, el International Klein Blue (IKB), sino que resumen la emoción pura a la que aspiraba Klein.

Los cinco lienzos monocromáticos se diferencian entre sí por las diferentes texturas, grosores y ritmos que una línea recorre en el mismo azul que invade la tela. La diferencia se cimenta en los distintos tránsitos de la mano, del pincel, de la espátula o del dedo que se manifiestan como itinerario o cartografía de la acción y del movimiento, con lo que indica del mismo modo un proceso. Esta grafía, al margen del contenido o mensaje que pudiera tener, representa su propio vehículo, la expresión del signo y la forma que opera – en tanto que se diferencia del fondo – señalando un acto, con lo que el lienzo deja de ser un cuadro para convertirse en huella de un acontecimiento y escenario donde el artista se entrega físicamente al placer y a la emoción. Tal vez sea ese concepto de emoción y gesto pictórico en tanto que acción el que, por encima del uso del azul, venga a homenajear al artista francés. En este sentido, hay que señalar la enorme influencia que tuvo en Klein el budismo zen del que se nutren diferentes manifestaciones que tienen en el gesto y la acción su principal motivación: las artes marciales (el karate-do y el judo del que Klein fue cinturón negro); el diseño de jardines (en Murillo, los surcos ondulantes y rítmicos nos recuerdan a los jardines nipones de arena y piedra); el teatro Nó basado en un repertorio de movimientos, o las pinturas a mano alzada y las caligrafías.

Esa materia de los lienzos, sensibilizada por el aliento creativo de Murillo, tiene su correlato en la arena y los papeles de la instalación que, al envolvernos con el simbólico azul, provoca una sensación de serena espiritualidad y trascendencia (lo que en el zen podría ser el satori, un estadio de iluminación por la meditación), quizás una sensación tan certera como difícil de explicar, la de azul a punto de ángel.

La desmaterialización del cuerpo.

Enrique Castaños Alés.

Diario Sur de Málaga. 22 de abril de 2005

Pintura e instalación. Lourdes Murillo.

Galería Alfredo Viñas. Málaga. C/ José Denis Belgrano, 19. Hasta el 15 de mayo de 2005.

Si la tendencia señalada con esta exposición se consolidase, puede decirse que la obra de Lourdes Murillo (Badajoz, 1964) ha experimentado un giro importante. De concepto y de presentación de sus ideas. De concepto, porque su propuesta se hace más teórica y más simbólica, pero sobre todo más incorpórea, más espiritual. De presentación, porque, sin abandonar la pintura, se interna de manera muy arriesgada y decidida por la senda de la instalación, esto es, por una obra más total, o, al menos, más integradora de diferentes técnicas.

La muestra es un homenaje a Yves Klein a partir de dos tipos distintos de piezas. La más envolvente y totalizadora es una instalación hecha en el espacio más amplio y diáfano de la galería con diez mil papelitos pintados de azul ultramar y adheridos a la pared, que cubren por completo los tres muros de la sala que comprenden la instalación, estando por su parte también el suelo enteramente cubierto de arena impregnada con aquel pigmento, con lo que el espectador tiene ante sí cuatro planos de grandes dimensiones de un único color; las otras piezas, también pintadas completamente de azul, son pinturas en sentido tradicional, cuadros abstractos cuyo único contenido, además de esa presencia monocromática, es un garabateado uniforme por toda la superficie hecho con la punta del pincel o con cualquier otro instrumento, a modo de una caligrafía secreta, de una especie de protodibujo que parece estar guiado por la mente como si se tratase de un ritual.

¿Por qué Klein? Probablemente por su carácter profético y visionario, por su singularidad inclasificable dentro de la neovanguardia, por su cercanía a Oriente, como, en otro sentido, también se acercaron Beuys y Rothko. Se sabe que a Klein le afectó profundamente la lectura del libro Cosmogonie des Rose-Croix, escrito por Max Heindel a principios del siglo XX y en el que Klein tomó conciencia de su destino. Junto a esta suerte de «cristianismo místico», Klein  –que murió en 1962 de un ataque al corazón con 34 años, como consecuencia quizás de sus experimentos con las «pinturas de fuego»–  también se enfrentó al existencialismo, el budismo zen y la alquimia. Concebía el arte como un lenguaje de la emoción pura y trabajó con las sustancias y fuerzas universales y reales: el oro (tierra), el vuelo (aire), sopletes y bengalas (fuego), la lluvia sobre pigmento (agua). En sus cuadros monocromáticos en azul, Klein nos invita a estar en el vacío, en el espacio de la realidad espiritual absoluta: el azul es el más profundo de los colores, el que se pierde en lo indefinido, así como el más inmaterial, el más frío, el más puro, cualidades fundamentales que van a determinar sus extraordinarias aplicaciones simbólicas. En Klein, el proceso de desmaterialización del cuerpo y progresiva espiritualización se advierte en las Anthropometries, para que podamos volar; cuando trabaja con oro, nos está sugiriendo la alquimia y cuando lo hace con el resto de elementos, como en sus Cosmogonies y sus Pinturas de fuego, cree que puede dominar las fuerzas de la creación.

Cuando el espectador se coloca delante de la maravillosamente pura y simbólica instalación de Lourdes Murillo, lo está haciendo ante un espacio que le invita a la meditación, que lo transporta a un reino de serenidad y pureza absolutas, es decir, lo está apartando de la artificialidad de la sociedad de consumo, de ese materialismo burdo que nos cosifica. Lourdes Murillo no sólo nos está proponiendo una relectura de una figura capital de la neovanguardia, sino que nos convoca a un nouveau réalisme en forma de indagación del yo, una exploración que además de permitir encontrarnos a nosotros mismos nos acercaría a los demás y a la naturaleza.

El homenaje de Murillo.

Alfredo Taján. Diario Sur de Málaga. 22 de Abril de 2005

La poderosa trayectoria de la artista plástica Lourdes Murillo (Badajoz 1964) está repleta de sutiles virajes y delicadas alteraciones. Nada sobra ni falta en la elección de sus formas, ya sea en pintura sobre lienzo, ya sea con atrayentes y misteriosas instalaciones, ya sea a través de extraños artefactos lúdicos o melancólicos, la mayoría de las veces Murillo se manifiesta sin una definición preconcebida de género sino, al contrario, con una vocación expresiva que traspasa las fronteras,una expresión libre, polisémica, sugerente, que deja al espectador un amplio registro de posibilidades interpretativas al acercarse a su obra.

Decimos que al trabajo plástico de Lourdes Murillo no le falta ni le sobra nada porque ocupa “sin apenas notarse”, recurriendo a san Juan de la Cruz, el espacio elegido, y se adapta a él como anillo al dedo, dedos espirituales en este caso, que son los que han elaborado la muestra” Azul a punto de convertirse en Ángel “que acaba de inaugurar la galería Alfredo Viñas y que vale la pena visitar porque comunica una inquietante paz monocromática: la obsesión por el azul contamina la mirada, constituye el ser predominante, revela una poética minimalista, un lirismo similar al de ese jardín japonés cuyos abetos y flores de té señalan caminos, y conceptos, dispares, aunque siempre llevan al mismo sitio: el del continuo aprendizaje.

Una instalación ocupa el espacio central de la galería Viñas; Murillo ha forrado las paredes de papelillos azules y en el suelo ha vertido pigmento azul consiguiendo un efecto intimista, aunque expansivo, quizá eco de una lejana maestría zen ; habitación abierta que atrae nada más entrar y que se acompaña de cinco lienzos azules: azul, azul, azul, parece obvio el homenaje al controvertido y fugaz pintor francés, ya desaparecido, Yves Klein, cuyas asociaciones místicas, estrictamente basadas en el azul, han marcado este último trabajo de Murillo no sólo por la obsesión del color, sino también por la intencionalidad de la propuesta: el azul ultramar simboliza lo inmaterial, lo ingrávido, la fragilidad y la indeterminación espacial, algo que Klein también cultivó con irritante y exclusiva dedicación.

Una poética de lo leve a lo invisible, exquisito maridaje conceptual que en la palabra tiene sus poetas en Char o en Saint John Perse, parece alimentar la creatividad de esta artista; precisamente para explicar una serie anterior , titulada «Sombras blancas», Murillo declaró que le había sorprendido” cómo oscurecen las magnolias de los jardines del sur con sólo tocarlas “, desde luego sorprende, también, tanta delicadeza en una creadora contemporánea; por eso da la sensación que las figuras geométricas, helicoidales, que inundan sus lienzos son constelaciones ocultas de un mapa interior que tiembla a contraluz como la magnolia.

Sin lugar a dudas estamos hablando de una creadora cuya obra, tan atractiva como enigmática, sigue una excelente, reflexiva y renovadora dirección.

Descubrir el Arte nº75. Luis Méndez. Abril 2005

Desde hace algunos años,Lourdes Murillo (Badajoz 1964) ha ido refinando su particular universo creativo hasta hacerlo más abstracto y minimalista, como vemos en este homenaje a Yves Klein que tiene como hilo conductor el azul ultramar de gran intensidad que el artista creó y que consideraba el pigmento perfecto para representar lo intangible. El espectador puede acceder al interior del cubo y pintar con sus pisadas en la capa de pigmento azul esparcido por el suelo, rememorando las antropometrías con las que Klein introducía el concepto de pintura en el espacio. Murillo ha desarrollado ahora una concepción del espacio que partiendo de Fontana se ha hecho más sutil y espiritual, buscando representar la inmaterialidad y el vacío espacial a través de sutilísimas y exquisitas gradaciones cromáticas.

Casi toda Lourdes Murillo. Jesús Aguado. La Opinión de Málaga. 13 de abril de 2003

En un mundo como el nuestro sobrecargado de todo, desde símbolos e imágenes a ideas y cosas, cada vez es más necesaria una cierta labor de depuración, de limpieza, de silencio y de paz.Combatir la prisa con el recogimiento, la acumulación acrítica (todo es equivalente porque no vale por lo que es sino por lo que representa: no es su alma la que le da el ser sino su uso como mercancía ) con el despojamiento y la falta de respeto por los detalles, que es lo que hace y nos hace diferentes, con la atención cercana, con la proximidad cómplice, con la confianza en el vacio.Lourdes Murillo, que expone en la galería Alfredo Viñas bajo el título ” Pizcas y briznas “, hace todo eso y más: no enseña el modo de ir de lo más a lo menos, que ha sido y es en todas las tradiciones el camino de la sabiduría. Nos enseña lo que queda después de deshacernos de todo lo que sobra, y ya habitarlo con sencillez y hondura. Sus cuadros dicen tanto como un haiku, como una ladera nevada,como un desierto solo hollado por escarabajos, como las estrellas dormidas que uno adivina en el fondo si se asoma a la boca de un pozo. No nos ofrecen imágenes, esas mentirosas,esas manipuladoras, sino lo que queda después de borrar todas las imágenes y enfrentarse uno al universo de sus sensaciones y a al sensaciones de su universo ( ético, estético, sentimental…), lo que queda cuando sólo queda una pizca, una brizna de sentido, un resto de mundo. Lo suyo son cuadros para meditar tanto o más que para contemplar: no se ofrecen como espectáculo sino como espacio para el abandono, para la introspección y para la nada.En uno de esos cuadros, titulado ” Casi todo “, Lourdes Murillo deja sin terminar la parte superior derecha del mismo. En medio de entrelazamientos, de volutas trazadas al azar sobre un fondo gris, de repente la boca del vacio. Como las mujeres hopi o como los pescadores polinesios, entre otros, que cuando hacen mantas o redes siempre dejan un pedazo sin tejer para que su alma no se quede atapada en ellas. En ese cuadro Lourdes Murillo nos enseña sus cartas, el juego secreto que recorre invisible toda su obra: lo importante para entender y poder comunicarse con los otro, es dejar inexpresada una parte, respetar lo impronunciable, lo ininteligible, no recargándolo de significados que lo traicionan y lo empobrecen. De las cosas hay que atreverse a decirlo casi todo, pero no lo que se nos escapa, lo que no podemos entender, lo que no podemos ser. Esto hay que dejarlo intocado, vacio, para que no sea ensuciado y para que por ahí pueda fugarse este espíritu nuestro aprisionado por una sociedad saturada de barrotes.

Pequeños Gestos. Margot Molina. El País. Sábado 12 de abril de 2003

Pizcas y briznas, el título de la exposición que Lourdes Murillo inaugura en Málaga, da pistas sobre lo que el espectador va a encontrarse. Sus lienzos están llenos de pequeños gestos reiterados hasta el infinito. Son líneas, remolinos o incisiones que no se paran en los límites de la tela, sino que se expanden en la imaginación de quien los contempla para abarcar otros espacios no materiales. Lourdes Murillo (Badajoz 1964) presenta un políptico, cinco telas monocromas de técnica mixta en el que se mueve del ocre al blanco, para terminar en un fundido negro.Además de Pizcas y briznas, el políptico que da titulo a la muestra, cuelga cinco pinturas de gran formato en las que la abstracción se va haciendo cada vez más sutil. Lorna Scott Fox escribe en el texto del catálogo que se trata de “minitopografías… que se trasladan al body art. La piel del cuadro se exhibe desvestida, atravesada, pinchada y envejecida”. Murillo es creadora de un lenguaje hermético.

Crítica ARCO ’02. Miguel Cereceda. ABC Cultural. Madrid, 16 de febrero de 2002

Como en pasadas ediciones, los críticos de ABC Cultural eligen a los que consideran mejores artistas de ARCO’ 02.

LOURDES MURILLO (Alfredo Viñas). Un sencillo cofre que contiene un collar con cuentas de papel, o cuadros con innumerables papelitos clavados con alfileres son los recursos elementales que utiliza esta joven artista para crear piezas contundentes, de una emoción pura.

Lourdes Murillo o La Siembra de las Dudas.

José María Larrondo. Qazris nº14, 1994

Castro cita a Barthes cuando éste describe la obra de Twombly como briznas de una pereza. Esta conexión metafórica con la obra de Lourdes Murillo no sólo tiene una carga de descripción formal, ya que cuando rompes el corsé de sus materiales de expresión es todo espíritu lo que emana de su plano de contenido. Viene a ser lo mismo que cuando cortas el césped y te quedas con el aroma de la brena, aún sujeta a la tierra y dispuesta a seguir creciendo.

En la noble tierra de la vid y el olivo, algunos plantan patatas. Lourdes estructura bonsáis. Cada uno de ellos aparece tras una paciente labor de microcirugía y, como cualquier entidad viva que se precie, aunque no veamos las raíces, podemos tocar las ramas y adivinar la variedad de los frutos. En el caso de Lourdes, la raíz es común a toda su obra: casi todo lo que tiene que ver con la escritura. Nos referimos a lápices, papeles, plumas, tinta, sobres. Todo ello mezclado con lienzos del revés, tratamientos pictóricos varios, trozos de madera, grafismos mínimos. Es obvio que la raíz de Lourdes es común a toda su obra. Una raíz que nace nada menos que en la palabra no emitida, o si se quiere en el conato de la palabra o la palabra como idea. Es un punto de partida que casi contraviene la idea de que “la idea no convertida en palabra es una mala idea “.

El desarrollo del tronco o de los troncos _ y de las ramas _ es lo que se nos presenta a la vista. Estamos ante el bosque intimo de Lourdes, íntimo y público al mismo tiempo. Y así nos tropezamos con obras bidimensionales, tridimensionales, instalaciones, mail-art y toda aquella dirección que su cerebro y su sangre (que es savia) le indique. Las raíces se reflejan en las ramas simétricamente, como el agua se refleja en la luna. Y podemos observar _ y tocar _ el tiempo de silencio a través de manchas cuadradas; podemos caminar por una carretera romana de grafito, podemos saber que aún existen pequeños secretos, acceder a una confrontación erótico-racial y hasta acotar un campo de trigo. Muchos verbos para la aparente no-palabra.

Lo esencial de todo esto, la resultante de la trama, es una especie de fluido ectoplásmico que tiene que ver efectivamente con el espíritu, con un rosario de flashes que nos seduce en silencio y que nos hace dudar del único camino y del proyecto único. Lourdes señaliza direcciones y estados vivenciales, pero en ningún caso desvela si hay alguno verdadero. Lourdes planta dudas con la parsimonia del jardinero y tenemos que recorrerlas todas para morder la manzana y darnos cuenta que sus obras son haikús de la materia. En eso consiste el fruto.

Estos haikús, por universales son atemporales, por domésticos parecen crípticos y por accesibles se distancian en la mística. También por opacos y mudos se convierten en espejos del espectador. No creo que se pueda preguntar nada ante algo que crece por sí mismo, sin necesidad de temporada. En todo caso regar con la mirada.

Si mira hacia arriba y se encuentra bajo unos larguísimos hilos de los que penden miles de lápices, también camina bajo palio y miles de espadas de Damocles le apuntan a la cabeza. Si mira en el interior de la caja y decenas de puntas de grafito nacen del suelo, puede revolcarse en los trigales o dejarse caer en la trampa para tigres.

Acaso, ni tan siquiera sean lápices. ¿O son poemas?

Una cosa está clara. Lourdes sigue sembrando dudas en su jardín público y nunca asevera. Deja ese ejercicio a los que creen que mandan tras las verdades como puños o que manipulan con cuentos de Calleja. Ella siembra en silencio y , al contrario de aquellos otros, Lourdes si tiene quien le escriba. Esa es la diferencia.

Robaría una obra de Rothko. Liborio Barrera. Cuadernos de Extremadura. El taller del artista ‘LOURDES MURILLO’

Lourdes Murillo ingresa en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contmporáneo de Badajoz ( MEIAC ). Quiere decirse que lo hace en solitario, algo reservado para pocos autores vinculados a la región. Menos aún si son jóvenes. Alguno lo ha hecho ya y otros lo harán el próximo año. Es la generación nacida en los 60 la que ahora ha alcanzado un punto de madurez que el principal centro museístico de la región reconoce. Murillo expone en la capital pacense la instalación Silos de la memoria , que representa en un cubo pintado con carbón vegetal ” las líneas infinitas de la memoria “. La artista ha transformado el cubo en una especie de almacén de la memoria a través de una maraña de líneas que inundan las paredes. Murillo estudió Bellas Artes en la Universidad de Sevilla y ha expuesto, entre otros lugares, en Lisboa, Parma, Madrid. Habitualmente trabaja con la galería Alfredo Viñas, de Málaga.¿Por qué crea?Por necesidad.¿Cuál es su idea de la felicidad?Hacerlo todo con ilusión.¿En qué trabajó ayer?En mi próxima exposición para la galería Carmen de la Calle, en Madrid.¿Cuál es su mayor logro?Poder pintar cada día.¿Qué obra robaría para sí misma?Una de Rothko, sin duda.¿Qué talento desearía tener?Oído para la música.¿Qué horario tiene?25 horas al día todos los días.¿Cuál es su estado mental más común?Inquieta.¿Qué museo recuerda y por qué?El Peggy Guggenheim, de Venecia, por su colección.¿Dónde desearía vivir?Donde vivo.¿Cuál es su exposición más feliz?Siempre, la próxima.¿Cuál es su característica más marcada?La tenacidad… y la miopía.¿Cuál es su color?El rojo.¿ Y su paisaje?Un horizonte recto entre el cielo y la tierra.¿Cuál es su miedo más grande?No poder superar el miedo.

¿Escucha música mientras crea?Sí, muy variada.¿Cuál es su idea de la fidelidad?La fidelidad a uno mismo.¿Cuál es el objeto más preciado de su taller?Los cuadros de los amigos.¿Cuál es su paseo favorito ?Cualquiera en buena compañía.¿Quién fue el maestro que le enseñó y qué aprendió de él?Don Miguel Pérez Aguilera, del que aprendí la honestidad.¿Qué mentiras disculpa?Las piadosas.¿De qué obra suya no se desprendería?De las de la infancia.¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento ?¡¡¡ A ti te lo voy a contar !!!¿Qué obra famosa aborrece?El esclavo, de Miguel Ángel.¿Qué defecto propio deplora más?El perfeccionismo.¿Y en los demás?La apatía.¿Cuáles son sus héroes en la vida real?Los bomberos.¿Y los de ficción?Mafalda.¿Ha roto muchas de sus obras?Sí, todos los días.¿Qué les dice a los que no entienden de arte?Que disfruten.¿Qué ha aprovechado en la vida?El tiempo, es lo único que no se recupera.¿Sus sueños se han cumplido? ¿Cuáles?Como todos los niños ser mayor.¿Qué le desagrada más?El frio.¿Qué cualidad le gusta más de una mujer?La bondad.¿Y en el hombre?La misma y que sea atractivo.¿Cuál es su idea de la muerte?¿ Tenía que ser la última pregunta?

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28 colores y un cuento

28 colores y un cuento, se han hecho 100 ejemplares firmados y numerados de 14 x 10 cm a todo color. Cuesta 50 € que yo donaré íntegramente a la fundación que tu elijas y sino a Fundación Agua de Coco de Granada. Un saludo